miércoles, julio 12, 2006

Mensaka


Dedicado a Marga, la más guapa entre las guapas:

El mensajero sube los dos pisos en ascensor. Dos semanas en este trabajo y ya sabe que ha de dosificar sus energías. El día es amenazadoramente largo.
Despachos. Recorre decenas de ellos, del centro de la ciudad, aspira el aire acondicionado del que él careció siempre. Pide un vaso de agua fresquita si la recepcionista le sonríe amable. Bebería todo el tiempo. Se deshidrata cada cuatro pasos. Si se lo explicase a su jefe, no le creería.
Conduce una destartalada moto roja, una Vespa que una vez funcionó, con marchas equivocadas. La cuida con esmero porque en su país natal sólo se atrevió a soñar con bicicletas.
La puntualidad es su religión. Pero de su cuello sudado cuelga una cruz de plata que le regaló su madre cuando cumplió los veintidós. Nunca rezó.
En el bolsillo derecho del pantalón lleva una pequeña libreta en la que anota cosas. Alguien le descubrió un poema repleto de faltas de ortografía y romanticismo trasnochado. Un poema que escribió una noche mientras descansaba en el banco de un parque y fumaba un cigarrillo. De saberlo, el mensajero se sentiría vergonzoso. Nadie debería conocer su vena artística más que él.
Del nuevo país aprendió recién llegado la lengua y los modales propios del lugar. Los gestos de educación válidos en todas partes, la sonrisa como idioma universal que puede hacer feliz a casi todos. Se esforzó por compartir y saber escuchar. Nunca pidió que le escuchasen y a fuerza de ser un buen “oídos”, trabó amistad con un par de españoles parlanchines con necesidad de escucha en los que podía confiar ciegamente. Lo comprobó con uno cuando le prestó dinero sin preguntar demasiado y con el otro cuando supo mantener un secreto. Nadie deja dinero a un negro. La cultura dicta que todo lo malo se pinta de negro. Y a él le prestaron una ingente cantidad que devolvió con intereses y mil gracias porque quiso. O porque su madre le enseñó desde que nació a ser agradecido.
Con el paso de los años, que todavía son pocos en España, el mensajero ha servido copas, ha repartido propaganda, ha vendido cd’s piratas y mecheros. Ha limpiado parabrisas y váteres, ha vendido esculturas de su país y pequeños tesoros en forma de amuletos de madera. El mensajero ha pagado el alquiler abusivo de una habitación de mala muerte puntualmente a una gorda y maloliente casera que nunca fue amable con él. Ha soportado insultos y amenazas en el parque del barrio donde vive, por parte de un puñado de descerebrados skinheads de corta edad y reloj de marca. Ha visto quemada su ropa en una hoguera nocturna y se ha escondido desnudo en un cajero automático. Ha visto morir a un compañero con el que llegó en una patera a manos de un ratero que le clavó un cuchillo en el costado para robarle un billete de cinco euros.
Con el paso de los años, el mensajero quiere llamarse mensajero de vocación, y cuando camina con su calzado deportivo de suela desgastada, procura hacerlo irguiendo la cabeza a cada paso. El trabajo le ha devuelto parte de su dignidad perdida.
Ahorra para un chándal decente que vio en el mercadillo que frecuenta los martes, en el barrio de Canyelles. Allí entabla conversaciones ocasionalmente con dos ancianos jubilados que le enseñan el idioma a cambio de escuchas e interés que nunca obtuvieron de sus hijos y sus nietos.
Por el camino de su vida ha perdido mil amigos y ha ganado sólo un par, pero sabe de la importancia de la conservación de la amistad y la intenta cosechar allí donde le llevan sus pies.
El mensajero piensa en su vida y en la levedad de ésta, en su incontingencia pavorosa. Entonces escribe en la libreta, en su idioma materno, todo aquello que le importa o le preocupa. Se desfoga en unas pocas páginas mientras lucha por chapurrear un español con el que quiere, algún día, poder vomitar su ira y sus pasiones a quien quiera escucharle.
El mensajero sabe mucho de sonreír en público y llorar en la intimidad de su cuchitril. Sus andanzas por sobrevivir no interesan a nadie. Por eso se muerde la lengua y escribe, escribe con un lápiz Staedtler sin luz, en la esquina o en la cama.
El desliz de ser un negrata en el país extranjero le ha comido la cabeza hasta el punto de luchar contra la diferencia con tesón y hacer de ello un modo de vida.
De la ética de las fuerzas del orden y el gobierno nunca creyó nada ni quiso polemizar. Acudió a un par de manifestaciones empujado por sus colegas españoles, pero aún no aprendió a hacerlo sin miedo y la posibilidad de hacerlo sin persecuciones le pareció poco menos que un gran logro.
Tragó su rabia contenida entregando sus ilusiones a los dos días de pisar el país de los sueños. Otro mes que pasa y el mensajero piensa que el tiempo escapa. Intenta dejar de vivir pensando en el mañana pero el hoy le descorazona.
Sin embargo, dentro de él, los suspiros y los malos recuerdos que ya pasaron le invitan a soñar igualmente con un futuro en positivo. El cambio en los corazones ajenos que podrán quizá algún día contemplarlo como a un igual, pese al tinte oscuro de su piel.

Pamela - 10 de julio de 2006

12 Comments:

Blogger amelche said...

Preciosa historia, me encantó.

1:01 p. m.  
Blogger Pam said...

Gracias, Anita!!

1:33 p. m.  
Blogger Anavi said...

Pam, sin duda es lo mas lindo que he leido de vos. Esta muy pero muy bueno! Descriptivo, sensible, profundo...me encantó!
Saludos!

1:49 p. m.  
Blogger Marga said...

Joder nena!!!! que chulo!!!. Es a mi? guauuuu, me encantó la historia!!! y la ilustración inicial, digna de estar en mi nevera que es el sitio reservado con imanes a la realidad.Mensakas, negratas... o simplemente desarraigados, que levante el dedo quien no lo sea ingenuos seres humanos!, con libretas y sonrisas... tierno y real, como me gustan las cosas, puñetera!!

Cenquiú y besosssss muchos morenilla guerrera!!

7:33 p. m.  
Blogger xnem said...

sombrero!. Esta es la Pam que mas me gusta. Gracias por estar ahí. Te lo dice uno de Can Tunis.

10:38 p. m.  
Blogger Reaño said...

Una historia dedicada a la más guapa de las guapas...
Me he quedado con una sensación muy especial... ojalá el ser humano tuviese más materia gris para fijarse menos en la melanina.
Ojalá ese narcisismo estúpido de la pequeñas diferencias, como decía Freud, sea superado alguna vez.
Ojalá...

1:23 a. m.  
Blogger Pam said...

Gracias, guapossssssss, todossssss!!!

9:30 a. m.  
Blogger Soliloquios nocturnos said...

Dedicar a este escrito otro adjetivo positivo seria fácil, menos fácil seria lograr escribir algo que llegue a lo más hondo y lo has conseguido. Aquí he querido ver o mejor dicho oír, un grito dirigido a todos aquellos intransigentes, racistas que hablan en honor de la verdad y la razón. Gritó en el que sé les pide por favor, que cambien ese “chip” con el que nacieron y que abran no solo los ojos, si no también ésos corazones adormecidos diciéndoles “Esta gente son como nosotros entenderlo de una puñetera vez , si se les pincha sangran su sangre es roja como la vuestra leñe y si se les hiere sufren , por que lo conlleva el ser humano, no la raza, el color, ni la religión.
Al final me enrolle, perdón o que más da leñe, dije lo que me apetecía y punto. Me gusto y me dio un pellizco eso es formidable Pam. Besos.

6:48 p. m.  
Blogger Pam said...

SOLILOQUIOS: esto es el ideal del que escribe: ser leído en algún momento y "pellizcar", como tú bien dices, el alma de alguien. Plantear algo, la duda ni que sea...hacer pensar en un mundo que piensa y siente únicamente cuando hay billetes de por medio. Muchos besos! y sobretodo, GRACIAS por dedicar unos minutos a leer a una desconocida.

10:51 p. m.  
Blogger MaleNa said...

Preciosa Historia.

REalismo al grado extremo.

Me encanto.

Por las no diferencias, por un mirar mas llano, sin tanta piramide..nadie tan arriba ni tan abajo.

Un abrazo

8:29 p. m.  
Blogger Tango said...

Buen relato sin duda, con trasfondo sociocultural interesante. Politicamente correcto.


Saludo tanguero

( una curiosidad: kwhati )

12:04 p. m.  
Blogger Pam said...

MALENA y JOSÉ FRANCISCO: muchas gracias , amigos. Me encanta que os encante...

11:06 p. m.  

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