jueves, junio 01, 2006

El repelente niño Vicente (I)

He aquí el niño de los mocos. El repelente niño Vicente, que no tiene ni idea de lo que es ver, oír y callar.
Mira de lado a lado cuando sale a la calle. Tiene manía persecutoria. Traza con los pies un dibujo surrealista en el suelo mugriento de las calles de su barrio. Con las manos en los bolsillos, el andar cansino. Se diría que cada día se hace más viejo, con las gafas en la punta de la naríz, amenazando con caer. Su madre se tira de los pelos de la emoción por verlo salir de casa y dejar de un lado los libros y la PlayStation2. ¿Habrá quedado con alguien? El repelente niño Vicente no tiene amigos, tiene una colección de mariposas de colores. Las ha bautizado una a una. Cada nueva adquisición es un nuevo tesoro. Entabla conversaciones con ellas a la luz de la luna, cuando nadie le ve.
El repelente niño Vicente se saca un moco y lo pega en un escaparate de tienda de última moda. La dependienta está demasiado ocupada hablando por teléfono con su novio como para recriminarle la acción. Se atusa el pelo y se mira las uñas, coqueta. El repelente niño Vicente pasa de largo tras la pequeña fechoría y mira al frente con su cuerpo desgarbado, caminando hacia ninguna parte.
Lleva la chaqueta roída por el uso y unas Converse All Stars que huelen a rayos cuando se las quita. Las coloca invariablemente bajo la cama, junto a una caja de zapatos repleta de revistas de informática. El repelente podría masturbarse en el baño leyendo un artículo sobre el nuevo portátil de Mac. Las jamonas del Interviú no le ponen nada. Llega a un kiosco donde compra pipas peladas por no molestarse. El kiosquero, viejo casi centenario, lo ve llegar y sin que pida nada le ofrece la bolsita, luego un adiós y una sonrisa fingida.
En el parque, el niño repelente se sienta a mirar las palomas. Las mira porque las odia, porque le repelen. Disfruta en su maldad viéndolas aplastadas en el asfalto. Con vida le parecen insulsas y sucias. ¡Cualquiera diría que él es muy aseado! Su referente de limpieza es un desodorante Fa con olor a menta o algo así. Sin ducharse se lo pone y da grima verle sonreír enseñando la dentadura con ortodoncia.
El repelente piensa, piensa y requetepiensa en nada. Se acerca la noche del sábado y su plan es ver una peli de cine mudo en su habitación, comer pipas y palomitas y dormir con los pies sobre la almohada como Pipi Calzaslargas. Que no le molesten. Todo es anodino.
Mañana, cuando despierte, seguirá resguardado en el micromundo de su habitación...

5 Comments:

Blogger Marga said...

Pues a mí me gustan los repelentes niños vicentes, resguardados, refugiados en un mundo ajeno que les repele y son repelidos a partes iguales... tal vez porque conozco adultos que lo fueron y encierran en sí un micromundo de ternura y vivencias que nadie tocó (yo lo hice cuando llegué a ellos y... guauuuuuuuuuu)

Besitos Pam, desentrañadora...

8:09 p. m.  
Blogger xnem said...

Veo que sigue el Pin PAM Pum! Me temo que desfilará por aquí lo mejor de cada casa. No creo que falte mucho para el capítulo del blogguer repelente.

10:04 p. m.  
Blogger MaLena Ezcurra said...

me gustan esos niños.

tu relato intenso.

:)

7:24 a. m.  
Blogger La gata que no esta triste y azul said...

Pobre repelente :-)

11:06 a. m.  
Blogger amelche said...

Estoy de acuerdo con Marga.

12:59 p. m.  

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