sábado, agosto 05, 2006

El rey de Harlem




Con una cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.

Fuego de siempre dormía en los pedernales,
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.

Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.

Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán
los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.

Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

Tenía la noche una hendidura y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre
y los muchachos se desmayaban en la cruz del desperezo.
Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.

Negros, Negros, Negros, Negros.

La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.

Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardo,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.

Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.

Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo.

Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

*

Es por el silencio sapientísimo
cuando los camareros y los cocineros y los que limpian con la lengua
las heridas de los millonarios
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre.

Un viento sur de madera, oblicuo en el negro fango,
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros;
un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos
y una pila de Volta con avispas ahogadas.

El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo,
el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra.
Médulas y corolas componían sobre las nubes
un desierto de tallos sin una sola rosa.

*

A la izquierda, a la derecha, por el sur y por el norte,
se levanta el muro impasible
para el topo, la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.

El sol que se desliza por los bosques
seguro de no encontrar una ninfa,
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río
y muge seguido de caimanes.

Negros, Negros, Negros, Negros.

Jamás sierpe, ni cebra, ni mula
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas turben postreras azoteas.
Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas
y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.

Federico Garcia Lorca

5 Comments:

Blogger xnem said...

Saludos mahoya. Igual tu recuerdas una canción de ........ (laguna mental) -la énesima de esta mañana, cosa de dormir en la playa, es normal....bip bip ...ya!"; Elisa Serna, ¿recuerdas? hablaba de un negro de Harlem. La busco luego y os digo.

ummmm (estampida!)
lvtuqm

1:09 p. m.  
Blogger Marga said...

Ummmm Lorca en New York!! ya sé que habrá quien disienta pero... jamás se escribieron versos más rotos, más repletos de imágenes y tristes que los de ese libro. Se tocan cada una de las palabras y rasgan por dentro... Lorca se fue allí a olvidar un mal amor y eso mezclado con su visión de una ciudad ajena y tan urbana, en malos tiempos para colmo... pues eso! creó poemas desoladores como pocos

Glup, es mi entusiasmo mezclado con una siesta...

Que guay, Mahaya...

5:41 p. m.  
Blogger MaleNa said...

Lorca y sus busquedas, huir y no poder.

"Me llaga tu rumor atravesando troncos y ascensores"

Pasion en su mirada, en su piel, en sus ultimas palabras.

Hombre que mira la luna, hombre inmenso.

Merci mujer verde tristeza.

bjkxij ¿?

5:47 p. m.  
Blogger Noctiluca said...

Que decir? me encanta Lorca.

Besos Mahaya linda

ettuwe : estuve...y me fui...

2:16 a. m.  
Blogger xnem said...

Mahaya! Ya! mira tengo en mis manos el disco de Elisa Serna que te comentaba. Bueno es de 1974, creo que el primero que editó.
La canción se titula OTROS VENDRAN la letra y la música eran de ella pero creo que tiene su germen en poeta en Nueva York. Por cierto me encantan los dibujos que hizo dal´çi en esa época de los rascacielos blandos con forma de personas. Que me voy. La letra dice:

Pantera.
Negro de Harlem y Alabama.
¿Nos van a invadir desde Wall Street?
¿Nos van a inavdir desde Wallt Street?

¿Crees tú que se proponen
la sucursal del Ku-Klux-Klan
para españoles?

Otros vendrán
que de tu casa
te echarán.
Otros van a venir
que de tu casa
te harán huir.

Puertorriqueño,
de morena tez y bolsillo pequeño:
¿Nos van a invadir desde Wall Street?
¿Nos van a invadir desde Wall Street?

¿Crees tú que en el fondo
vendrá el rock
y se irá el hondo?

Otros vendran...
...

Dakota,
indio escondido en las montañas:
¿Nos van a invadir desde Wall Street?
¿Nos van a invadir desde Wall Street?

¿Crees tú que han instalado
una reserva para gitanos?

Otros vendrán ...

Veo los créditos y reconozco entre otros músicos a Manolo sanlúcar a la guitarra, Jorge Pardo a la flauta, y numerosos músicos estranjeros.

Me diste en "el cuore" mahaya, como dicen por aquí, eso de rebuscar en la estantería... ahora suena Serrat -hacía mil años que no lo desenpolvaba- y canta a Salvat Papasseit

1:08 p. m.  

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