
Como cada año, la antigua Vila de Gràcia, -barrio anexo a la ciudad desde la construcción del “eixample” de Ildefonso Cerdá-, celebra su particular fiesta veraniega.
Se engalanan, decoran y disfrazan calles y plazas, así aparecen cielos con nubes de papel o plástico, desde hace algunos años se abandonó la pasta de papel y se utiliza mayoritariamente el plástico reciclado de botellas y garrafas de agua mineral o cualquier elemento recortable de bajo costo. Muchas calles tienen su comisión de fiestas que decide y construye en secreto cual será el tema de su decoración, aunque lo principal es tomar la calle –tremendas cenas multitudinarias de vecinos- y sobre todo divertirse.


Cena en Verdi del Mig.
Cielos poblados de peces, pulpos o cualquier animal marino simulando un mar, algunos se limitan a recrear un ambiente, otros en cambio ponen todo su empeño en que desaparezca cualquier sombra de la calle cotidiana reinventándola por completo, como este año en la calle Verdi que se ha visto transformada en la famosa Ruta 66 americana, y motoristas gigantes, coches de policía, gasolineras y un grupo de surferos saltan por los cielos en olas invisibles.
Cada calle tiene su propio escenario y las numerosas plazas otros de mayor importancia, este año han decidido que cada uno de estos últimos sea temático, folk en la Plaza del Sol, jazz en la Plaza del Diamant, etc.

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